Yo de mayor: fracción impropia

por Francisco de Borja Ramírez Vico

Si a lo largo de la historia ha existido un arquetipo de fracaso, ese he sido yo en mi andadura por el riguroso, lineal y cuadriculado mundo de las matemáticas, mundo que abandoné a los 18, en cuanto tuve la oportunidad, cuan gazapo que salta de su apostadero encuanto oye pasos. A pesar de tal fracaso aún recuerdo aquel ir y venir de números y letras, de incógnitas y de ecuaciones de primer, segundo, tercer grado, y así sucesívamente. Raices cuadradas, números primos y cuñados, y todas las “virguerías” que se podían hacer con ellos. Esas horas delante de la libreta de operaciones me causaban un sopor indescriptible. El sudor frío y la sensación de que mi mente daba más de no que de sí era una de las causas de mi frustración personal y de mi falta de apetito allá por aquellos días en los que, a pesar de todo, se respiraba más aire fresco y autenticidad que en estos días, y no estoy sacando mi vena nostálgica ni estoy tratando de hacer ninguna afilada crítica social, ya que en todas las épocas y contextos ha habído personas, situaciones, elementos y elementas a los que ha habido que echarles de comer aparte, y siempre los habrá.
Yo siempre vacilaba desde la ignorancia y me jactaba preguntándome sobre la utilidad de las matemáticas con situaciones inauditas del estilo de: “¿para qué me van a servir las matemáticas? Pues para mucho, mañana podría atracarme un ‘kinki’ mientras paseo y decirme que haga unos ejercicios de combinatoria o que por el contrario me raja.” Fue tal el odio que llegué a cogerles (al final aprobé) que me metía con ellas, las atacaba y las mancillaba a placer. Tenía la necesidad de pisotear al enemigo.
Años más tarde he descubierto que el radicalismo y las frustraciones desaparecen, y el espíritu se va ennobleciendo, que uno puede permitirse ciertos lujos del estilo de los que se permite el conductor experimentado tomándose una rotonda por el centro de los dos carriles o llegando hasta su casa marcha atrás porque es más corto el trayecto (pequeños lujos que por supuesto en ningún momento ponen en riesgo la seguridad ni la integridad y que hacen que uno se sienta un poco más libre, o menos atado, lo que viene a ser lo mismo), esos pequeños lujos, creo que son el fruto no sólo de la experiencia, sino del desgaste que sufrimos debido al rodaje que nos da la vida en diversos ámbitos, desde el ámbito de la conducción hasta el ámbito del ocio, pasando por nuestra forma de ser, ideología o sentido del humor/amor.
En mi caso este “desgaste”, entre otras muchísimas cosas (y muchísimas aún por haber) ha desembocado en la “neutralización” de emociones, de forma que ya, por ejemplo, no me exalta el pensar en las matemáticas, no las veo como “el enemigo.” Parece mentira como algo que pueda atormentar tantísimo (llámese matemáticas, llámese equis) pase de forma tan fulminande a un segundo plano, bajo el efecto erosionante de ese gran elemento clave en el universo y en la existencia que es el tiempo. Luego, un día como hoy uno mira atrás y no puede evitar esbozar una sonrisa triunfal mientras por su mente pulula la idea de que las tormentas pasan, y también las ganas de rascarse del perro al que le quitan las pulgas, o le saltan solas.
Siendo un poco inteligentes, y que conste que nunca lo somos, podemos llegar a la conclusión de que ya que todos los elementos “tormentosos” de nuestro presente alguna vez serán suprimidos, anulados, devastados… por nuestro grande y cronológico amigo, y enemigo… (hablo del tiempo), ¿entonces por qué no dejar de sufrir en el presente? es como si te dicen que esa persona que tan mal te cae de siempre algún día te salvará la vida, en ese caso ¿por qué no empezar a sentir afecto, gratitud y simpatía por ella? o como si te dicen que ese gran amigo del alma algún día te dejará por los suelos y te dará la puñalada de tu vida, ¿entonces por qué no acabar ya con la amistad? sería almenos un ahorro en regalos de cumpleaños, y también en deshonra. El gran problema y al mismo tiempo encanto de la vida es que hay que vivirla, y en función de nuestras vivencias actuar en consecuencia. Pero con lo referente a estilos de pensamiento, a diferencia de con la utopía de predecir el futuro con las personas, creo que podemos permitirnos el lujo de dejar el contador a cero, es decir, de no odiar ni amar antes de tiempo, de no obsesionarnos para bien ni para mal, sino de vivir en tanto que nuestras capacidades personales nos permitan, y es así como veremos esas cosas no como tormentas o dias de sol, sino como elementos que forman parte de la vida para hacer uso de ellos y mediante su uso hacer que salga el sol. Es esa visión “cosificadora” del mundo la que hoy día me hace optimista y me hace ver el mundo como una gran naranja llena de zumo y cortada por la mitad esperando que me lance sobre ella para espachurrarla con todas mis fuerzas y dejarla seca como el ojo de un tuerto.
Con las personas ya es otro cantar, y es que las personas somos en algunos casos simples y estúpidas como el mecanismo de un tapón de rosca, pero en otras complejas hasta más no poder. También hay personas que presumen de complejas siendo estúpidas como una piedra y personas que desde su sencillez y aparente simplicidad son verdaderos y apasionantes rompecabezas. Mi “afan cosificador” me ha hecho aliarme con las matemáticas en esta ocasión y recordar el tema de las fracciones (espero que sean benevolentes conmigo si soy impreciso con algún término). Puede que haya patinado sobre el hielo con los números a lo largo de mi vida, pero si hay algo en lo que creo que no patino es en el ver más allá de las cosas, en el no conformarme con la primera respuesta, y aunque no enmiende patinazos almenos siempre lo intento. Digo fracciones porque yo veo a las personas bajo una lente de dualidad, y tras pensar largo y tendido en dualidades la que mejor me vino a la mente para metaforizar a las personas es la dualidad propia de las fracciones matemáticas, compuestas de dos elementos: numerador y denominador. En mi metáfora, el denominador es la parte común que todas las personas tenemos, nuestro contexto, nuestra cultura, nuestra situación, nuestra circunstancia, como decía un tal Gasset… Es ese denominador lo que nos hace iguales, lo que nos hace gregarios, mediocres, impersonales, serviles, y como diría yo en un ataque de misantropía “tremendamente garroteras y desechables” … aunque al mismo tiempo ese denominador es nuestra “etiqueta” nuestra raíz que nos agarra al suelo, la que nos da una base, una fijación y de la que (según el tipo de persona) hemos o no de sentirnos orgullosos y/o defender.
El numerador en las personas es ya harina de otro costal, en mi metáfora el numerador es la parte que nos hace diferentes del resto, es nuestra firma, esa que hace que dejemos nuestra pequeña o gran huella en el mundo el día que lo dejemos, esa que nos da un plus. No todos podemos ser Ronaldos de la vida, pero sí que existen equipos de primera y de tercera, e incluso de regional preferente, incluso en las más altas esferas, y la razón por la que existen equipos de primera y de regional es que aunque todos querrían jugar en primera no todos pueden, unos por unas circunstancias y otros por otras, pero no todos pueden tener un alto numerador y gran prueba de ello es la cantidad de individuos sobre la tierra que hablan y callan necedad tras necedad. Y es que por desgracia, o por suerte hay una grandísima cantidad de fracciones propias (aquellas cuyo valor del denominador supera la del numerador). Tengo una buena noticia, y es que las fracciones impropias no nacen, almenos no del todo, sino que se hacen, o pueden hacerse, así que yo de mayor quiero ser una fracción impropia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: