Crítica: L’Italien (2010)

No podía dejar de imaginar a Karim Benzema dándole toques a un balón en los primeros compases de ésta película al ver a Kad Merad interpretar al binomio Dino Fabrizzi – Mourad Ben Saoud. Hablo de binomio no sólo porque Merad interpreta tanto al ego de su personaje como a su super ego, y es que éste se ve envuelto en el entuerto de tener que ocultar su verdadero origen árabe haciéndose pasar por italiano de pura cepa para así poder triunfar en la sociedad y evitar las trabas que puedan generarle el racismo y prejuicios propios de ésta. Y Dino Fabrizzi, ese falso Mourad, tiene éxito ya que es un adinerado vendedor de Maserati que tiene a la chica (por amor) y posee seguridad en sí mismo, aunque eso sí, nadie conoce su verdadero nombre ni sus orígenes, ni a su familia la cual reside en Marsella (ni siquiera Hélène, su pareja).

Mourad evitando comer tiramisú por su ayuno de Ramadán.

Mourad evitando comer tiramisú por su ayuno de Ramadán.

L’Italien, o Quiero ser italiano, como se titula en español, es un perfecto ejemplo de por qué me encanta el cine francés. El director y guionista Olivier Baroux, especializado en el género comedia, plantea la historia desde un punto de vista atrayente, ya que la densidad filosófica de la historia permanece en el trasfondo dando predominancia a las eventualidades propias de cualquier comedia, pero esa densidad filosófica, sin agobiar ni aburrir al espectador más superficial, cala. Cala y deja el poso y el inmenso valor de una enseñanza desde mi punto de vista humano bastante valiosa y a la que más de una vez he hecho referencia a lo largo de mi vida, y esa enseñanza no es otra que el hacer gala de las raíces y esa identidad única, propia del individuo, ya que, volviendo a ponerme freudiano, yo siempre sostengo que sentirse a gusto con nuestro verdadero yo (ego), es la clave para alcanzar aquello que nos gustaría ser (super ego).

Otro factor, por no decir el factor en torno al que gira la verdadera identidad de Mourad Ben Saoud es la religión, y es que ocultar un mes de Ramadán a un entorno que cree que eres Dino Fabrizzi, incluyendo a tu novia, no es nada fácil teniendo en cuenta la cantidad de implicaciones y sobre todo privaciones que ésta celebración religiosa implica. Éste ocultamiento genera una espiral de tensión individual provocada por tensiones laboral, sentimental y familiar que trascurren de manera paralela haciendo que la goma elástica se estire y estire hasta que finalmente, como era predecible, se parta.

Me gustaría destacar a nivel técnico algunos aspectos de ésta película. En primer lugar el color, las tonalidades claras y limpias de las que consta y que indudablemente aportan frescura e identidad a una película de este género. Además, si por algo me gusta el cine no americano es porque en lo referente a planos y técnicas de grabación o estructura fílmica, no cae en lo que yo denomino el factor plantilla, es decir, el abuso de los recursos propios de un determinado género por el hecho de tratarse de dicho género. Este factor plantilla es particularmente observable en el cine de terror convencional (que precisamente es uno de mis favoritos). L’Italien tiene bajo mi punto de vista un trabajo de cámara magistral, así como una estructura narrativa que deja perlas como un flash forward maravilloso en el que en primera instancia Dino conoce a Hélène estando de fiesta, y cuando se ven inmediatamente después haciendo el amor, ya ha pasado un año, y el espectador lo descubre porque justo después del clímax Hélène dice algo del estilo de “ha pasado un año y cada vez es como la primera”. Ésto bajo mi punto de vista tan bien hecho merecía ser mencionado en estas líneas. Asimismo otra perla que me resulta necesario destacar es la que discurre dentro de una celda en Argelia, en la que Dino está preso, y dentro de dicha celda realiza su diario ritual religioso con puntualidad inglesa. Considero esta toma una perla porque desde un plano frontal de la celda se pueden observar dos celdas en una: la que configuran los barrotes físicos por una parte, y por otra la que configuran los barrotes de la mente humana y que los propios individuos a veces elegimos tener, como en este caso la auto imposición de un ritual. Brillante. Por cierto, otro elemento que transgrede al factor plantilla es que Hélène, la chica del guapo y exitoso Dino, no es la clásica modelo veinteañera, sino una mujer de cuarenta años con una cabeza consecuentemente amueblada. Ahí dejo el dato…

Cuando escribo sobre alguna película no me gusta olvidarme de la banda sonora, y si bien es cierto que L’Italien no destaca principalmente por los temas compuestos exclusivamente para la obra (lo que no debe hacer desmerecer el trabajo de Martin Rappeneau), bajo mi punto de vista si que destaca por la recopilación de clásicos de la música italiana que aparecen frecuentemente en los momentos clave. Clásicos de Toto Cutugno, Domenico Modugno y Ricchie e Povery, y además acertadamente colocados, lo que le da a la cinta ese necesario punto de empaque.

Concluyo éstas líneas con el agradable sabor de boca que deja el haber disfrutado de una película bien hecha, que en el peor de los casos puede hacer pasar unos momentos de humor, aunque en el mejor de los casos puede hacer que el espectador reciba una lección que le haga hacer autocrítica en aspectos más triviales que los que la película muestra, pero sea como fuere, autocrítica al fin y al cabo… Soy consciente de que quizás las opiniones de la crítica convencional o del aficionado al cine convencional pueden diferir un poco de éste análisis personal, pero no me sale sino analizar L’Italien como una película con identidad propia, y siguiendo tal criterio he de ser consecuente. Asimismo no dejo ni dejaré de animar a las audiencias más comerciales a ver cine no americano, más de un “no habitual” a esta práctica tendrá gratas sorpresas.

Mi Puntuación: 7,8/10

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FICHA TÉCNICA

TRAILER

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Categorías:Críticas

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