Sobre Emprendimiento, y Otras Cosillas sin Importancia…

Cuando a las nueve de la mañana en el mes de agosto se abre el portón oxidado y chirriante que hay al lado de la embaladora para que corra el aire dentro de la nave, y el olor del alpechín se mezcla con el del serrín, pienso que el día de mañana, si es que estoy lejos de mi tierra, será esa fusión de olores la que me haga regresar al pasado… Admito que a mí siempre me ha tirado más el serrín, sobre todo teniendo en cuenta la dedicación de mi familia al sector, así como mi orgullo general por ver cómo Mancha Real supo sobreponerse al modelo económico regional basado en el campo. Digamos que Mancha Real supo “revelarse”, de la misma forma en que mi padre supo revelarse con mi abuelo, diciéndole: “¡El campo para ti, yo ya tengo mi taller, y bastante he ido ya al campo desde que era niño!”, generando en mi abuelo un enfado, bastante lógico teniendo en cuenta que los padres a veces querrían escribir nuestra vida como si con ello nos protegiesen; pero claro, mi padre era emprendedor, y los emprendedores normalmente suelen causar dolor de cabeza.

Y hablando de emprendimiento, he de aclarar para quien lo ignore, que los términos emprendedor y empresario en lo único que se parecen es en la morfología, ya que no todos los empresarios son emprendedores ni todos los emprendedores son empresarios. Un empresario no es más que aquella persona que posee una empresa o parte de ella, sin embargo, ¿qué es un emprendedor?

abadiaEl emprendimiento no se enseña en aulas o de manera institucional, aunque al mismo tiempo y paradójicamente las instituciones juegan un papel fundamental en la formación (o destrucción) de emprendedores, así como la familia. Sin embargo ese “germen” se lleva de manera innata desde el nacimiento, creo yo, y en mi opinión la mejor manera de estimularlo y pulirlo es con el ejemplo de grandes figuras con valores. Este año he tenido el privilegio de disfrutar del conocimiento de dos de esas personas: primero fue el empresario, economista y escritor Leopoldo Abadía, un hombre que se está haciendo mayor sin volverse un gruñón (como reza el título de uno de sus libros), y cuya octogenaria mirada refleja aún la luz que reflejan las miradas de los niños, esa luz del “todo es posible”, un hombre equilibrado y sobrio pero sobre todo con el principal factor del emprendedor desde mi punto de vista: el de la disidencia, entendiendo por disidencia esa capacidad única para hacer las cosas a su manera, sencillamente eso, pues como decía el escritor Carlo Dossi: “Los locos abren caminos que más tarde recorren los sabios”. Leopoldo Abadía, en una charla sobre familia, a mí me hizo aprender más sobre emprendimiento que en ninguna otra circunstancia de mi vida, poniendo esa tarde para mí una guinda que fue la frase: “claro, es que cuesta.” Aludiendo al esfuerzo que cuesta conseguir las cosas en una sociedad hedonista donde todo parece querer conseguirse de manera fácil e inmediata, y donde se deja en segundo lugar el sacrificio que implica conseguir lo realmente importante, sacrificio que desemboca en placeres más trascendentales e intensos en el futuro.

IMG_9375El segundo de estos pesos pesados, mencionados por orden cronológico, es Francisco Vañó, Director general de aceites “Castillo de Canena.” Un referente a nivel mundial del producto estrella de nuestra provincia. Francisco Vañó sencillamente vende aceite de la manera que hay que venderlo (un aceite muy bueno por cierto), y para ello se ha convertido en un empresario agrícola cuya mayor dificultad -según sus propias palabras-, fue la de cambiar la mentalidad tradicional en sus equipos humanos… Otro disidente, ya no sólo en romper con lo establecido, sino en ser capaz de tomar la decisión, junto con su hermana Rosa, de pedir una excedencia en los importantes cargos que ambos ocupaban hasta el año 2003 y embarcarse en esta aventura oleícola que les está dando frutos. “Para regenerar la sociedad en valores y principios debemos empezar por nosotros mismos: dando un trato justo a los empleados, motivándolos, siendo transparentes y participando en el tejido de la sociedad civil, cuyo debilitamiento es lo que ha desembocado en la corrupción que tenemos,” apuntaba el propio Francisco aquella tarde.

Son figuras como Abadía, Vañó y muchas otras que están en mayor o menor medida a la sombra las que hacen que yo recupere la fe en una sociedad en la que parece que los conceptos “poder” e “ineptitud” estén misteriosamente relacionados. Asimismo quiero darme el gusto de dedicar estas líneas a la industria local de Mancha Real, pues en una época en la que el nivel de formación no era el de ahora, un grupo de valientes supieron simplemente cambiar de tercio, y no lo digo renegando del campo, sino alabando la diversificación que hizo de este pueblo una región próspera con una de las tasas de paro más bajas de España. Actualmente todos sabemos la situación que atraviesa la economía nacional, pero cuando uno ve fuera a jóvenes y no tan jóvenes ilusionarse con la realización que les da su pequeña mesa de despacho o su pequeño taller de artesanía en los comienzos de su incierta andadura como autónomos es cuando más hincapié hago en decir a todos los mancharrealeños, que hemos de valorar hasta la última mota de polvo que se deposite en cada una de nuestras tablas y luchar por ello a pesar del hastío, pues “es nuestro”, como nuestra es la tradición de la única Falla que se celebra fuera de las fronteras de la Comunidad Valenciana en honor a San José y que contribuye junto con otras cosas a proveer a Mancha Real con una identidad única.

Pero, volviendo al emprendimiento y como broche, me gustaría resaltar la cuestión del dinero. El emprendimiento no está ligado únicamente a lo económico ya que un emprendedor puede ser además del que monta su propio negocio, también el que va con una sola muda en una mochila recorriendo el mundo… Sea como sea, para mí emprender es vivir en una constante reivindicación de uno mismo, conociéndote como persona y viendo cuáles son tus puntos fuertes para, de esta forma, y muchas veces con valentía, tomar decisiones que implican cierto riesgo para aportar tu grano de arena al mundo y que éste sea un poco mejor de lo que lo era antes. Como un sabio dijo una vez “ser por encima de tener, o tener no servirá de nada.” De todas maneras siempre habrá quien sólo considere el dinero como principio y fin, y a esas personas únicamente me queda decirles que tampoco se preocupen ya que Amancio Ortega empezó vendiendo batas y cosiendo corbatas.

Por Borja Ramírez
Texto para Asociación Cultural San José

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