Sobre mí

Borja RamírezHace tiempo que escogí el camino difícil, un camino ineludible e intrínseco en mi persona, un camino absurdo pero al mismo tiempo necesario, pues si recorrerlo puede hacerme sentir sólo y las posibilidades de fracaso son altas por tratarse de un camino estrecho y sin quitamiedos, no recorrerlo desembocaría inevitablemente en mi miseria personal.

Mi sino a veces ha sido el de ir a contracorriente, aunque yo siempre digo que sólo cuando considero oportuno. Citando al filósofo: “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.” Ese soy yo, un individuo.

Si tuviese que definirme para aquellas personas que no me conozcan, lo haría como curioso por naturaleza, amante del conocimiento pero consciente al mismo tiempo de mi ignorancia, viajero incansable (que no turista), seguidor de mi instinto más allá del qué dirán y a pesar incluso de los consejos de las personas que me quieren, impulsivo y valiente en la toma de decisiones, pues prefiero errar decidiendo antes que dejar que la vida decida por mí y arrepentirme en el futuro de haber sido un tronco a la deriva avocado a la terrible pregunta ‘¿Qué hubiese pasado sí…?’

Desecho el dogma y la política, y mis principios son el sentido común, que resulta la mayoría de las veces ser el menos común de los sentidos, la humildad para reconocer mi error y disculparme incluso ante mis mayores detractores (siempre que éstos me presenten buenos argumentos), la lealtad a quien quiero, la humanidad y la búsqueda de la luz del alma de las personas, ya que creo que el ser humano es bueno por naturaleza a pesar de sus muchas y abominables desviaciones en algunos casos.

Mi sentido de la política, resumido, radica en la libertad, teniendo como tope el comienzo de la libertad de los demás. Yo, al igual que Pérez-Reverte, no tengo ideología porque tengo biblioteca. No soy de izquierdas ni de derechas, en todo caso, como una vez dijo Iker Jiménez, de derecho, de hemisferio derecho del cerebro, ese hemisferio mágico e irracional, el hemisferio de la creatividad, ese que permite creer en lo imposible, o al menos no descartar aquello que así lo parezca.

Debo admitir que tengo cierto desarraigo colectivista, aunque para mí no hay colectivo más sagrado que la familia. Por suerte, puedo presumir de ella, en especial de hermana y padres. Unos padres que a pesar de no haberme comprendido a veces, en mi opinión tuvieron un gran acierto en mi educación que creo que todos los padres deberían tener con sus hijos, y es que me dotaron de alas para volar, pero también de raíces, pues, como decía el gran poeta Rainer Maria Rilke: “la verdadera patria del hombre es su infancia”, infancia de la que yo hago gala, ya que he sido el niño más feliz de la tierra a caballo entre las calles Ánimas y San Marcos en un pueblo situado en la provincia de Jaén, un pueblo que para mí ha sido y siempre será mi hogar, me refiero a Mancha Real.

He visto la oscuridad fuera de casa, en tierras lejanas, con otras gentes y otras mentalidades y culturas. He tocado fondo varias veces en mi aventura de vivir y probablemente mañana lo vuelva a tocar con mi táctica vital del ensayo y error, pero considero que en eso consiste el gran arte de vivir, pues citando al gran Oscar Wilde “Lo menos frecuente en este mundo es vivir, la mayoría de la gente existe, eso es todo”. No tengo miedo al fracaso y no comprendo por qué en esta sociedad se cultiva tanto tal miedo, pues un fracaso sea en el área que sea hay que verlo como una lección más que como un drama, además, siendo optimista, es más fácil sacar arte de las aguas revueltas.

Arte, ese concepto tan abstracto y que de tantas maneras puede expresarse… Me apasiona el arte puesto que es el arte lo que nos hace seres humanos, lo que nos hace redondeados y no cuadriculados, lo que nos dota de eternidad, lo que nos permite bañar con nuestra óptica personal la realidad que nos rodea y mostrarla a los demás con ese aspecto modificado por nosotros. El cine, la literatura y la música son mis artes predilectos, que no los únicos.

Estudié filología inglesa y actualmente me encuentro estrechando el cerco de estudio, y es que a medida que los años pasan uno puede ir permitiéndose el lujo de pasar de lo general a lo particular, que por lo general es lo que más le va llamando la atención. La vida en mi opinión es aprendizaje, y no sólo me refiero a aprendizaje académico, sino a esa inquietud, curiosidad y frescura que hacen brillar a las personas que las poseen por encima del resto, esas ganas de querer ser mejor, pero no ser mejor que nadie, sino mejor de lo que uno mismo era ayer.

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Un cordial saludo
Borja Ramírez

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